Funga Fufu...

Monday, February 25, 2008

My Chemical Romance en Chile

Anoche fui al concierto de MCR. La pasé demasiado bien, lo único malo es que mis tímpanos quedaron un poco delicados, como le pasa a cualquier chica pop que por alguna falla genética descubre que le gusta la música ruidosa. Pasé el concierto con tapones en los oídos (por favor, fanáticos de esa música, no me asesinen, mis oídos fueron hechos para escuchar pop, ya les expliqué lo de la falla genética).
En total, el concierto consistió en tres shows: la banda sobre el escenario (con todo lo que eso significa), el público y mis papás.
Me llevaron mis padres, los dos, porque mi papá no quería dejar a mi mamá sola en casa (es sobreprotector), así que ver la cara de mi mamá (cuyos genes no tienen ninguna mutación, por lo que es 100% pop) cuando comenzó a sonar la primera canción fue una situación ideal para un comercial de Mastercard. Lamentablemente, mi papá no me dejó fotografiar su cara de espanto. Con respecto a mi papá, a él le gusta la música ruidosa, pero creo que MCR sobrepasó su tolerancia al ruido; pasó todo el concierto con las manos en los oídos (y ya tenía puestos los tapones).


Comenté que el público merecía atención también. Debo especificar que la parte del público a la que me refiero es la que estaba en cancha preferencial. En mi opinión, el mejor lugar es la galería (o platea en este caso), porque cuesta más barata (yo fui a platea alta), tienes asientos, nadie te aplasta, no te tapan la vista (porque estás más arriba que los de adelante) y puedes ver claramente el escenario si llevas unos buenos binoculares (si no los llevaste, compra unos en el persa Bío-Bío para la próxima vez, aunque casi siempre hay pantallas junto al escenario para que los que estamos al fondo podamos ver). Claro que los más fanáticos de la banda siempre tratarán de estar lo más cerca posible de ellos, así que pagan felices la entrada a cancha preferencial.
Resumo el asunto: todos los fanáticos que se encontraban en ese sector (una masa de poleras negras con algunos manchones consistentes en poleras rojas) se amontonaban contra la reja que les impedía abalanzarse sobre el escenario (como en el video de Teenagers, sólo que aquí no pudieron llegar hasta los músicos, ya que había una docena de tipos asegurándose de que no pasaran la reja), provocando desmayos y aplastamientos, sin contar a todos los que estaban deshidratados e insolados por haber esperado durante horas (una amiga mía llegó como a las dos de la tarde y había gente esperando desde las cinco de la mañana). Por si acaso, les informo que el concierto comenzó a las 9 p.m. y lo que les cuento ocurrió a las 7 p.m. Aún no comenzaba el concierto y ya habían tenido que sacar a unas 15 personas. Cuando empezó el concierto fue peor: durante la segunda canción alguien quedó con una herida en la cabeza (algo así decía en el diario) y durante Welcome to the black parade hubo, como mínimo, 8 desmayados/desfallecientes (mi papá estaba tan poco interesado en el concierto que se dedicó a observar al público con los binoculares y a contar cuantos no aguantaban más).
Algo que me hizo reír fue el hecho de que gritaban por todo. Antes de que comenzaran a tocar probaron la máquina de humo y el baterista dio dos golpes a la caja. Me dolieron los oídos por los gritos agudos que eso provocó en el público. Para que comentar cuando apareció Gerard Way.
Supongo que conocen la expresión "comiendo de la palma de su mano". Así nos tenía el vocalista; dijo "jump" y saltamos, "brazos" y todos levantamos los brazos, comenzó a aplaudir y todos aplaudimos, "sing" y todos cantamos a gritos el comienzo de Welcome to the black parade. Delirio total en el caso de muchos.
Para cerrar el tema del público, doy mención especial a las "Clases de español con Gerard Way", así fue como nombré a la forma en que él hablaba el español. A cada rato decía "gracias, Santiago de Chile" y a veces agregaba un "¿cómo están, hermanos y hermanas?" o "amigos y amigas", al despedirse dijo "buenas noches, Santiago de Chile". Cada vez que decía algo en español, la gente gritaba. Ni siquiera cuando mostró la bandera chilena gritaron tanto.


Por último, el show por el que pagamos: My Chemical Romance. Las luces me marearon un poquito y mis tímpanos quedaron delicados, pero la pasé muy bien. Eso sí, el vocalista adoraba hacer show: se tiró al suelo, se movía como si sufriera un ataque epiléptico y ponía cara de sufrimiento (pero no todo el rato, para que no digan que generalizo cosas que sólo hizo una o dos veces). Además (y esto sí lo hacía a cada rato) tenía una fijación por la palabra "fuck" y todos sus derivados (fuck you, fucking, fuckers, motherfucking, motherfuckers), pero cada vez que la decía provocaba otra oleada de gritos histéricos.


Moralejas del concierto:
1. No lleves a tu mamá (aunque la verdad, la terminó pasando bien, disfrutó cuando sonó Teenagers y al final se quedó dormida).
2. No vayas a cancha preferencial.
3. Los cantantes quieren figurar, así que la mayoría de las veces van a constituir un show por sí solos.
Moraleja extra: lleva harto dinero, porque la comida es carísima ($800 un café, $1000 una bebida, $1000 o $3000 las palomitas de maiz) y a la entrada venden un montón de basura con la imagen de la banda (poleras, calcomanías, chapitas, fotos, jockeys, cintillos, banderas). No lleven su cinturón favorito, a varios les quitaron el cinturón porque podían tirarlo al escenario y noquear a los que estaban allí.

Notas:
1.
Mastercard debe ser marca registrada o algo así.
2. Las fotos del público y el vocalista las saqué de la Zona de Contacto (www.zona.cl).
3. Si molesté a alguien por lo que escribí, les juro que fue sin querer.

Wednesday, February 20, 2008

Cursi, pero no tanto

Siempre me río del exceso de cursilerías en las películas, los libros y los fanfics, pero resulta que soy una cursi. Sigo sin tolerar que las historias sean asquerosamente empalagosas (Sofi, si te sientes identificada por eso, es porque lo escribí pensando en ti), pero la mayoría de mis películas favoritas o que he disfrutado más son comedias románticas. Tienen que ser comedias, porque el amor puro y concentrado en las historias me da náuseas (estilo: "te quiero" "no, yo te quiero" "no, yo te quiero" y se pasan horas en eso y luego se besan frente a una puesta de sol o luna llena o mar o en una cena romántica que incluye cualquiera de los elemento ya nombrados).
El asunto es que soy una cursi. Ayer fui a ver "27 bodas" y sigo feliz porque todo terminó bien. Si van a ver "27 bodas", les recomiendo que se tomen un calmante para los primeros 40 minutos, porque la protagonista desespera por lo patética que es; la película se vuelve divertida de verdad cuando ella comienza a probarse todos los vestidos de madrina. Algunos eran francamente ridículos. Mejor les dejo las fotos para que lo comprueben.

Estilo "Lo que el viento se llevó".


De vaquera.


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