Funga Fufu...

Monday, January 05, 2009

Piscina

Mi casa está siendo arreglada (pintura, cambio de alfombra, cambio de los cerámicos de los baños), así que me estoy quedando con mis abuelos maternos por un par de días. Llegué ayer por la noche, me voy mañana por la tarde. No puedo esperar.
Quiero mucho a mis abuelos, pero no me gusta el ambiente alrededor de ellos. ¿Cómo lo explico? Sé que me adoran, yo también los adoro, pero nunca me siento cómoda alrededor de ellos. Mis abuelos paternos son bastante grises, sé que tienen sus traumas por haber vivido en Italia durante el periodo de la II Guerra Mundial (si saben algo de historia, recordarán a Mussolini y el hecho de que Italia era aliada de Alemania), son bastante perseguidos, un poco amargos, pesimistas y dependientes, les cuesta expresar cariño, pero son muy dulces cuando lo hacen. Cuando estoy con ellos me siento cómoda, los abrazo, ellos me abrazan, no es una muestra efusiva de cariño, pero es tan sincera, que me encanta. Aún así, no se puede evitar que sus "maravillosas" personalidades provoquen discusiones. En realidad, la personalidad de mi abuela paterna, mi abuelo no habla mucho.
Mis abuelos maternos son efusivos, gritones, exagerados, hiperactivos y con un talento especial para discutir. Mi abuela es de esas personas que sonríen mucho, vitrinean mucho, dan abrazos muy apretados, te interrumpen mientras lees o ves televisión, se pone nerviosa con facilidad, especialmente cuando alguien que no es ella conduce un auto (ella también tiene un trauma, estuvo en un accidente hace varios años mientras mi abuelo conducía), lo que hace que reprenda a quien la puso así con una voz chillona que, lamentablemente, heredé. Mi abuelo es testarudo, medio sordo, machista, posesivo, medio bruto (recuerdo una vez que se puso cariñoso, me dolió el brazo por el apretón amistoso), impulsivo, gastador, con tendencia a los favoritismos. No me gusta vitrinear, tengo tendencia a la melancolía, no me gusta que me apreten o me empujen, leo mucho y también veo mucha televisión (series, principalmente), no me gustan los sonidos/ruidos fuertes, me gusta razonar con la gente (que me escuchen y escuchar sus argumentos), no soy feminista, pero creo en los derechos de la mujer, razono mucho antes de hacer las cosas (especialmente, compras), cuido mucho mi dinero. Mis abuelos discuten por temas tontos y cada vez que vengo a su casa pierdo la poca paz interior que tengo. Me pongo nerviosa, me siento harta, aburrida, agobiada. Aquí soy la buena nieta que siempre se porta bien y tiene buenas notas. Nadie me cree que estudio el día antes de las pruebas, que odio estudiar, que soy tímida, que no me gusta el tomate. Aquí no soy yo.
Fui con mi abuela materna a comparar precios de futones en distintas tiendas, caminé viendo precios, vi ropa de esa que le gusta a mi abuela y aguanté la risa mientras ella miraba maravillada unas reproducciones (de dudoso gusto) miniatura de esculturas famosas (el David, la Venus de Milo) y pensaba en ponerlas en su comedor. ¡En el comedor! Después aguanté sus conversaciones con sus amigas, en las que fingían ser mujeres de mundo y saber mucho, personas que no se dejan engañar por los medios. Llegamos a la casa y tomamos once con mi abuelo. Conversaciones sobre temas simples, mi mente se fue hacia otro lado y volvió cuando sonó mi celular y pude escaparme para hablar con mis papás. Extraño el ambiente de paz que hay cuando estamos juntos: alegría, chistes malos, cariño, conversaciones sobre temas triviales, pero sin ese tono de voz que te hace sentir que lo que cuentas es aburrido (aunque lo sea). Volví a la mesa y ellos se disponían a entrar para ver el discurso/mensaje de la Presidenta por televisión. Mi abuelo nos dejó recogiendo la mesa. Mi abuela me invitó a ver las noticias con ella y, mientras oía cómo la Presidenta hablaba acerca de lo que se hará este año, mi mente me trajo a la mente la conversación telefónica con mi mamá.
Antes de salir con mi abuela, yo quería nadar. Ella me dijo que nadaríamos al volver a la casa, pero salimos tarde (se puso a ordenar y a hacer otras cosas), se distrajo en el centro comercial, en el supermercado nos tocó una fila larga y llegamos a la casa a las 8:30 pm, tarde para nadar, considerando que no me puedo dormir con el pelo mojado. Mi mamá me dijo que nadara de todos modos, pero mi parte racional me dijo que nadar a esa hora era poco práctico. Escuché a la Presidenta sin estar realmente allí, mi mente me ubicaba en la piscina, nadando. Fue impulsivo, pero salté de la silla y corrí a cambiarme. Me metí al agua y el mundo desapareció. Eramos yo, la piscina y mis pensamientos en voz alta, sin gente que los oyera y me mirara raro por hablar sola, por nadar tan tarde, por mojarme el pelo recién lavado, por pensar mucho. Se borraron de mi cabeza las cosas que me molestan de esta casa, de mis abuelos, y lo que no se borró se volvió insignificante, simple y estúpido. Ni siquiera me mordí los labios mientras estuve nadando. No sé hace cuanto tiempo que no tenía un tiempo para ser yo misma.
Salí feliz, relajada y tranquila a enfrentarme con lo que no me gusta, con mis líos y los cientos de ideas que siempre rondan por mi cabeza. Y a ver una capítulo de "Cold Case", seguido de uno de "Eleventh Hour".

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